5 lecciones que aprendimos creando una microstartup
Seguramente te estés preguntando qué es una “microstartup”. Llamamos así a Kittysplit porque no tenemos financiación y (todavía) no ganamos dinero. No hay inversores pidiéndonos informes cada dos por tres ni empleados que dependan de un sueldo a fin de mes, así que nos ahorramos buena parte del estrés de las startups “de verdad”. Aun así, lo que hemos aprendido hasta ahora merece la pena contarlo.
Si lees sobre startups, algo que te va a llamar la atención es que sus lecciones a menudo se contradicen de lleno. Es normal, porque cada startup y su entorno son únicos. Te toca a ti, como fundador de tu propia startup, averiguar qué lecciones se aplican a tu caso.
¡Vamos con las lecciones!
Que no te desanime que tu idea ya exista
Cuando se te pase el susto inicial de descubrir que a alguien ya se le ocurrió tu idea, empezarás a pensar en cómo hacerlo mejor. Mira de cerca los productos de tu competencia y averigua cuáles son sus puntos fuertes y débiles.
La verdad es que nosotros fuimos un poco descuidados en esto y descubrimos a la mayoría de nuestros competidores cuando ya habíamos empezado. Estoy casi seguro de que nunca habríamos hecho Kittysplit si desde el principio hubiéramos sabido cuántas apps y herramientas había ya para repartir gastos (aquí tienes una lista). Al final hicimos una herramienta más para sumarse al montón, pero una que (creemos) es un poco mejor en ciertas cosas.
La moraleja: céntrate en unas pocas cosas clave que sin duda puedas hacer mejor que tu competencia y tendrás buenas posibilidades. Y un consejo extra: si tu producto es más sencillo en algún aspecto importante, ya tienes mucho ganado.
Retrasa todo lo que puedas el momento de quemar dinero
En cuanto empiezas a quemar dinero (es decir, a pagarte un sueldo, tener empleados o pagar otros gastos fijos), el reloj empieza a correr. Cuando la cuenta atrás llegue a cero, o se habrá acabado el dinero y tu startup morirá, o estarás ganando lo suficiente para despegar. Por algo lo llaman runway, la pista de despegue.
Está claro que algunas startups necesitan inversión hasta para arrancar. Y puede que también te digan que, si no vas con todo, no tienes nada que hacer.
Nuestra experiencia fue otra: como somos una microstartup, tenemos una pista de despegue larguísima que nos permite aprender, escuchar lo que nos dicen los usuarios y mejorar el producto. Cuanto más tardes en empezar a quemar dinero, más tiempo sobrevivirás y mejor será tu producto. Lo que nos lleva al siguiente punto:
No pasa nada por lanzar un producto chapucero
Cuando lanzamos Kittysplit tenía un aspecto aceptable, pero cojeaba bastante. El flujo de uso era raro, tenía un montón de manías y en el teléfono no funcionaba en absoluto. Aun así, la gente empezó a usarlo y nos fue diciendo qué le parecía, y pudimos reaccionar enseguida. Eso fue clave para mejorar el producto.

Además, justo después del lanzamiento, revisando los logs, descubrimos que una de nuestras cuñadas había creado un Kitty para un fin de semana de despedida de soltera. Ella y varias de sus amigas habían usado nuestro producto a medio terminar exactamente como lo habíamos pensado, sin que nadie las llevara de la mano. Fue un momento increíble: supimos que lo básico funcionaba. Dicho de otra forma, nuestra hipótesis principal quedaba validada. A partir de ahí escuchamos a nuestros usuarios y fuimos añadiendo las funciones que nos pedían. Es una manera estupenda de construir lo que de verdad importa sin irte por las ramas.
Nada de esto es nuevo, claro. El movimiento Lean Startup le ha dado mil vueltas a estos temas. Lo genial fue comprobar en primera persona que funciona de verdad.
Deja claro quién hace qué y cuánto. Y ponlo por escrito
Esto es especialmente importante si empiezas a tiempo parcial. Porque lo que va a pasar es esto: al principio, todo el equipo va a rebosar energía y ganas. Todos estarán entusiasmados con la nueva oportunidad de mercado que han descubierto y convencidos de que en los próximos meses van a arrasar.
Luego llega la realidad. Las cosas tardan más de lo previsto o no salen. Llegan las decepciones. Y poco a poco, parte del equipo va perdiendo el interés. Quizá tengan otras prioridades, un cliente difícil o problemas en el trabajo. Harán menos y tendrán menos tiempo. Empiezan a acumularse los resentimientos y la cosa se puede poner fea muy rápido.
Para evitarlo, o al menos suavizarlo, ten una conversación sincera con todos desde el primer día. Define quién se encarga de qué y, muy importante, cómo se mide su éxito. Aquí el éxito puede medirse por tiempo dedicado o por objetivos. Luego ponlo por escrito y envíaselo a todos. Te servirá de base para las conversaciones difíciles que llegarán más adelante.
Aprende a programar
Cualquiera puede aprender a programar. ¡En serio! Cada día hay más herramientas, cursos y plataformas interactivas para aprender por tu cuenta. Eso no significa que cualquiera pueda programar un módulo de backend en Java o una animación CSS de pelotas rebotando. Pero cualquiera puede aprender a usar GitHub y hacer algunos cambios en un archivo HTML o de recursos. Solo con eso ya podrás editar los textos de tu web, retocar una landing page o mover un botón de sitio.
Si vas en serio con lo de lanzar una startup, no hay excusa para no saber hacer cambios básicos en tu código. Serás más útil en el equipo desde el primer día, dependerás menos de los demás y, sencillamente, sacarás adelante muchas más cosas. Además, será una aventura divertidísima y muy gratificante.
Para terminar
Lo sorprendente es que, aun siendo solo una microstartup, nuestra experiencia confirma unas cuantas de las razones por las que fracasan las startups según CB insights. Puedes leer más sobre eso aquí.

Bueno, eso es todo por ahora. También aprendimos muchas otras cosas, como lo básico del SEO o los pros y contras de hacer una app, pero les dedicaremos futuras entradas del blog. Si quieres que profundicemos en algo de lo que hemos contado aquí, ¡dínoslo!